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Banner Principal Institucional 8 Sentimientos que Cristo Pascua y banderín Resurrección
Sergio Osegueda

Sergio Osegueda

Los terremotos de Santa Marta registrados en 1773, hicieron que las autoridades de la capital del reino buscarán un nuevo lugar para asentar la ciudad. 45 Kilómetros al oriente, había un valle no poblado, ahí había un cerro donde se veneraba a una pequeña imagen, por lo cual dicho lugar era conocido como el Valle de la Virgen.

Martín de Mayorga, jefe del cabildo ve en aquel lugar el sitio perfecto para el traslado de la nueva capital, el cuarto asentamiento registrado.

Se informó a la corona española sobre el lugar para el traslado, aprobándola el 15 de septiembre de 1775, en esa fecha el rey Carlos III indica que aquel lugar, quedará bajo el patrocinio de la Virgen de la Asunción.

Dicho patrocinio surge a raíz de la devoción que los indígenas de Chinautla tenían en este valle y que tenían como patrona a Nuestra Señora de la Asunción, la cual veneraban en lo que hoy conocemos como la Parroquia Vieja desde su reducción en 1553, según cuenta el historiador (QEPD) Celso Lara Figueroa.

Es el Cabildo eclesiástico en 1790 quien ordena cerrar el culto a la Asunción de María en la iglesia de los indios de Chinautla y se funda la Parroquia Vieja más tarde conocida como la de la Santa Cruz del Milagro y deja como único lugar de culto y veneración la imagen de la Virgen de la Asunción que actualmente se encuentra en el templo de la zona 2 capitalina.

La orden de traslado se decreta el 1 de diciembre de ese mismo año, y el 2 de enero del 1776, inicia el funcionamiento de la ciudad y el 28 de enero llega la real cedula donde se decreta la fundación de la Nueva Guatemala de la Asunción.

En la cedula se establecen las condiciones del traslado, porque hay que aclarar que la nueva ciudad no es una fundación ya que en dicho documento se establece que la capital del reino solamente se traslada con todos sus títulos y patronazgos.

De acuerdo al documento extendido por Carlos III, se establece que se comprará un terreno de dos, tres o cuatro leguas cuadradas, por cuenta de la caja real para reemplazar la nueva ciudad, así también se establece que se concederán gratuitamente los terrenos a las comunidades, iglesias matrices y filiales.

La alegría era notoria, habíamos regresado desvelados pero con el corazón lleno de regocijo tras escuchar aquella bella serenata dedicada a la Madre del Cielo.

Sin embargo, eso no fue impedimento para despertarnos llenos de emoción y volver a las 5 de la mañana a aquel templo en la zona 2 de la ciudad, donde habíamos visto que recién comenzaban una alfombra para que Nuestra Madre hiciera su paso en su tradicional procesión.

Cuando llegamos, aquella alfombra lucía casi lista, mientras que en el interior del templo, ya estaba el anda preparada, Nuestra Virgencita, luciendo la mejor de sus galas y el lugar abarrotado de todos los fieles que nos disponíamos a escuchar la sagrada Eucaristía.

Mis ojos no dejaban de admirar la belleza de aquella imagen que nos recuerda que María fue llevada al Cielo en cuerpo y alma.

Concluyó la misa, aquellos que llegaron tarde han tenido que esperar en el atrio, los demás solo hicimos el espacio, los incensaristas han llegado, las volutas se elevaron al cielo.

El padre, daba aquel mensaje lleno de amor, mientras que el turno de honor salida ya se colocaba en sus brazos.

Todo estaba lista, los timbales sonaron, las notas de Pues Concebida, resonaban en el interior del templo de la Asunción. Vi como algunas lagrimas rodaron, otros rezaban y otros atónitos solo se fijaban en la imagen de la dulce Madre.

Al sonido de La Granadera, la cohetería comenzaba a sonar, las bombas anunciaban que la Virgen de la Asunción impartía sus bendiciones al pueblo Guatemalteco, a este pueblo que la declaro patrona de su capital.

El día estaba soleado, normalmente suele ser así, pero la tradición siempre nos ha indicado que debemos llevar el paraguas con nosotros.

Recorrimos con ella las primeras calles de la zona 2, hasta llegar al parque Jocotenango, ahí ese punto tradicional donde la alfombra de frutas y verduras es un manjar para muchos y admiración para otros.

Decidimos que la acompañaríamos luego y confiando en que no había mucha gente, fuimos con la familia a “papalotear” a la feria un momento, desayunamos un buen vaso de atol y un chuchito. Después nos enfilamos por la Simeón Cañas y la Sexta avenida hasta el parque central, ahí esperamos que la Virgen llegará a Catedral para su misa Mayor.

La caminata fue extenuante, el cansancio quería hacerse presente pero decidimos seguir. Entramos a la catedral y escuchamos la segunda misa del día. Al finalizar, salimos acompañando a la madre, pero algo había cambiado.

El sol ya no se veía tan radiante, solo le dije a mi Madre, viste que teníamos que traernos los paraguas, con una sonrisa solo seguimos caminando.

Era el medio día, decidimos ir a comer, aunque mi turno estaba cerca, calculamos que llegaríamos a tiempo, pues el estomago ya reclamaba alimentos.

Terminamos, pero la Virgen había avanzado bastantes, las bandas escolares que le acompañaban ya se miraban enfilarse por la séptima avenida, me preocupe, pero la ansiedad crecio mas, cuando aquel cielo azul se transformó en gris, los primeros goterones se hicieron presente.

En un abrir y cerrar de ojos la lluvia empezó, es tan tradicional que muchos de nuestros padres aseguran que no es 15 de agosto si no llueve en la tarde.

Aún bajo la lluvia corrí a mi turno, que afortunadamente se retraso, pues de lo contrario seguramente lo perdía. Aquel chubasco tradicional concluyó, pero la amenazante lluvia no dejaba que el plástico protector se le retirara a la imagen.

Enfilamos a la Séptima Avenida, el peso amoroso del anda iba sobre hombro, el sonido de aquel vals me hizo agradecerle a nuestra Madre, toda su intercesión y pedir por mi familia.

Se que ella desde lo alto escucha mis plegarias y se que no me va a desamparar, como se que nos escucha a todos y nos protege siempre.

Mi turno terminó, la familia esperaba ya en la esquina de la Calle Martí, sabíamos que entrar al templo era imposible, por lo que solo nos ubicamos en un punto para ver ingrear a la madre.

Sobre la avenida colocaron los morteros y las bombas comenzaron a sonar, La Virgen de la Asunción, la Patrona volvía a casa después de recorrer “El Centro”, y nosotros contentos poníamos nuestra vida a sus pies y agradecimos a Dios por la oportunidad de vivir en familia otro 15 de agosto.

Una vez dentro, solo pedimos al Creador, la oportunidad de vivir un año más para llegar a otro día de la Virgen de la Asunción.

San Juan Damasceno afirma: “Ciertamente, era necesario que se despojara de l aparte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. En efecto, él muere según la carne y con su muerte destruye la muerte, transforma la corrupción en incorruptibilidad y la muerte en fuente de resurrección”.

Así se expresaba el santo de aquel momento en el que María Santísima, durmió para pasar su transito de la vida terrenal a la vida celestial y ser elevada a los cielos en cuerpo y alma.

Damasceno se preguntaba: “¿Cómo es posible que aquella que en el parto superó todos los límites de la naturaleza se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta ala muerte?”.

La respuesta era sencilla, Jesús con su resurrección abrió la puerta para que aquella que había sido elegida por Dios sin mancha de pecado original, fuera incorruptible para así ser llevada a la presencia del creador.

Por su parte, San Juan Pablo II, hizo referencia en la audiencia general del 25 de junio de 1997: “Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en ese caso la muerte pudo concebirse como una dormición.

“Es verdad que en la revelación la muerte se presenta como castigo del pecado. Sin embargo, el hecho de que la iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación”, afirmó San Juan Pablo II.

María Santísima es la esperanza de todo cristiano de la resurrección, pues tras pasar el umbral de la vida terrenal, tenemos la seguridad que así como nuestra Madre estaremos en presencia de Dios nuestro Señor.

“Vosotros la invocáis bajo el nombre de Nuestra Señora de la Asunción y la veneráis como Patrona de la Ciudad de Guatemala. Y ahora, recordando estas mismas palabras del Apocalipsis, me dispongo a poner una corona de oro sobre la cabeza de esta imagen de la Madre de Dios, en esta liturgia de la coronación, tan vinculada al quinto misterio glorioso del santo Rosario”. (Discurso de San Juan Pablo II, 6-2-1996)

Era la noche de un 6 de febrero de 1996 que ahora queda en el recuerdo. Aún recuerdo a mi madre que emocionada junto a mi abuela llegamos a la calle Mariscal Cruz “carrera y carrera”, con la esperanza de encontrar un lugar.

Ya lo habíamos visto llegar a su arribo al país de la eterna primavera, la segunda vez que teníamos la dicha de contar con su presencia en esta tierra orgullosamente Mariana, las alfombras anunciaban el camino por donde aquel hombre santo pasaría.

La mañana de ese 6 de febrero lo vimos convertirse en peregrino más, como tu, como nuestros padres, como nuestros abuelos, como nosotros, que al pie del Cristo Negro de Esquipulas elevo oraciones.

Pero mientras él, elevaba oraciones cumpliendo aquel viejo adagio descrito por José Ernesto Monzón, “he venido de tierras lejanas” allá en la Perla de Oriente, aquí en la ciudad era todo algarabía.

Desde la zona 2 y de una forma extraordinaria, la patrona de la ciudad, la imagen de la Virgen de la Asunción, atravesó el Centro Histórico para así llegar a su trono edificado en el Campo Marte, porque ahí, tendría la bendición de que su Santidad, San Juan Pablo II la coronará.

Yo, aún pequeño, recuerdo aquellas alfombras en esa calle histórica, las vallas colocadas en las banquetas para resguardar el orden y las banderillas blancas y amarillas agitándose al viento esperando su llegada.

El presidente de la República en ese momento recién asumido en el cargo, Álvaro Arzú, decidió caminar esa calle y saludar a todos los presentes hasta llegar al lugar donde presenciaría aquel acto.

Pasaron las 5 de la tarde de ese 6 de febrero, y finalmente apareció en ese vehículo blanco, emocionado solo grite “¡¡Mamá, el papamóvil, el papamóvil!!”, y ante mi escasa estatura solo pude levantar la vista y observe aquel hombre vestido de blanco saludarme, mis ojos fueron testigos por primera vez de sentir la mirada de aquel servidor de Dios, tan lleno de paz.

En las afueras del campo escuchamos su mensaje:

“En esta Ciudad, llamada tradicionalmente La Nueva Guatemala de la Asunción, nos reunimos hoy para glorificar y bendecir a Dios que ha elevado al cielo y glorificado en cuerpo y alma a María, Madre suya y nuestra. Nos alegramos porque la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al torno por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte.” (Discurso San Juan Pablo II 6-2-1996)

Luego, sus manos santas, tomaron aquella corona y en un acto de amor la elevo a lo alto para colocarla en la cien de aquella bella imagen.

Nuestros ojos se clavaron en la Virgen de la Asunción esa imagen que nos ha recordado la gloria que dio Dios a nuestra Madre Santísima.

“En este acto litúrgico de la coronación está contenida nuestra común fe en el reinado de Cristo, ruto de su muerte y resurrección. Éste es el significado de la corona que se colocará sobre la imagen de Nuestra Señora de la Asunción. Pero esta coronación interpela a cada uno de nosotros a ser también su propia corona, como exhortaba San Pablo a los primeros cristianos: Hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona; manteneos así firmes en el Señor”. (Discurso San Juan Pablo II 6-2-1996)

Acto seguido, aquel santo dejó el Campo Marte rumbo a la nunciatura, mientras que la imagen ya coronada de nuestra señora colocada en el mueble procesional para que ahora iluminada por la luz artificial retornaría con toda alegría a su templo.

“¡Qué el gozo con el que María cantó el Magníficat esté en todos los corazones, en todos los hogares y en todos los pueblos de Guatemala!” (Discurso San Juan Pablo II 6-2-1996)

“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la virgen María su peculiar benevolencia, para honor de su hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”.

Bajo esta declaración, el 1 de noviembre de 1950, fue declarado por el Papa Pío XII en la constitución Munificentisimus Deus el dogma de la Asunción de María Santísima A los Cielos.

Hay que hacer la diferencia entre ascensión y asunción. Ascensión se refiere al acto de subir a algún sitio por sus propios medios. Asunción se refiere al acto de subir a algún sitio ayudado por otras circunstancias.

De acuerdo al dogma de la Asunción, María Santísima es elevada en cuerpo y alma por los ángeles de Dios hasta su presencia después de cumplir con su vida terrenal para así ser exaltada por Dios nuestro Señor como madre de Dios Hijo.

En el catecismo, la Asunción de Nuestra Madre, refleja un signo de esperanza para los Cristianos, pues es en ese momento en Jesús mismo participa de su propia resurrección con María Santísima, anticipándose así a la resurrección del resto de la humanidad.

En la catequesis impartida por San Juan Pablo II el 2 de julio de 1997 indica: “El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio”.

Es así que María Santísima, asunta al cielo en cuerpo y alma, glorificada por Dios Padre es el ejemplo a seguir para mantener viva nuestra fe de que si seguimos los designios de Nuestro Señor pronto alcanzaremos la gloria de la Resurrección como fue su promesa al vencer a la muerte después del suplició de la cruz.

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